domingo, 7 de septiembre de 2014

martes, 29 de julio de 2014

LA BÚSQUEDA

LA BÚSQUEDA

Te encontraré.
Te he de encontrar,
aunque la arena y los vientos
restriegue en mis ojos;
aunque lluevan piedras
y camine por el alambre
más endeble.
Te he de encontrar,
aunque el aliento huela a seco,
a gastado,
a antiguo por el tiempo.
Pero te he de encontrar,
aún a expensas que mis ojos
se gasten en la escritura
y mis dedos se encorven
en los pronombres.

© Blanca Vicario

SIN TÍTULO

Mis manos llenas de palabras
y tú...
tan solo y desnudo.
Será el verano
que abrasa las horas
y no deja resquicio
de ese color verde esperanza.
Será que la sequía
seca toda saliva,
sin dejar panales
para endulzar la vida.
Un zumbido de oraciones,
deja constancia de un para siempre.
Y yo aquí...
sin creer en lo eterno.

© Blanca Vicario

SIN TÍTULO

Te miro así;
tu otra mitad me la sé.
Aún crepita el fuego.
Te sé de memoria
y de todas las formas te sé.
Aunque tu lengua enmudezca,
yo sé que en las noches,
mordemos las mismas estrellas.

© Blanca Vicario

domingo, 15 de junio de 2014

(......)

Cuando en las noches
te venga mi cuerpo a tu cuerpo
y desnudo camines por los recuerdos;
no te atormentes.

Yo volveré
con mi voz y mis manos,
a tocar tu sombra
que vaga por los pasillos.

Seremos uno
a la luz de las farolas,
hasta que la noche acabe.

Como siempre hicimos.

© Blanca Vicario

lunes, 21 de abril de 2014

RESURRECCIÓN

RESURRECCIÓN

Yo no soy santa,
pero te resucité
entre sábanas blancas.

Ardían los clavos
del miedo a la esperanza.

Se alzó un nuevo albor
al filo de lo cierto,
cuando tus piernas
se colocaban en las mías
y allí estaba yo,
estábamos;
clavados en la cruz
y el cáliz,
entre lo cierto
y lo incierto.

Sabía del calvario del amor,
pero la sangre ya era una
y tu pasión,
resucitó en la mía.

© Blanca Vicario

Hubo...

Hubo un hombre
que me amó
y posaba palabras en mi boca;
silenciosas,
penetrantes,
como agua para la sed.

Invadió todas mis formas,
haciendo huecos
donde enterrar sus versos.

Ahora,
en la tumba de mis ojos,
reza el tiempo
y en mi pecho un epitafio
que se lee
desde muy lejos;
desde el polo
hasta el desierto.

Y me congela
y me traspasa
y me sostiene...
hasta llegar el día.

Donde se escriba:
Hubo un hombre que me amó
hasta matarme.

© Blanca Vicario