Allá, donde la voz no llega, los ojos no alcanzan y la boca no besa, yo pronuncio tu nombre. Quizás algún rato en ese vuelo grato, se acerquen gaviotas y te lleven consuelo.
Te hablarán de mis huellas, de todos mis pasos, de la música y el canto, de mi piel bañada solitaria a las olas, del perfume que llevo, de todos mis anhelos.
Será, cuando abandonado al vuelo de tus alas, vuelvas a esa arena virgen que espera en la playa.
He muerto contigo tantas veces... que resucitar da miedo y me escribo entre fonemas que suenen oda y te pienso lento para seguir así, sin despertar.
Que el tiempo se ralentice, que se enrede el viento y se fijen las ventanas para que nada se vaya y las paredes escuchen para grabar, ciertos poemas que ahora escribo.
Quiere comerse el mundo con su mirada. En sus manos lleva todos los pormenores del tiempo, sin darse cuenta que al abrigo de la noche todos los gatos son pardos.
El carmín de su boca ilumina las sombras de su vestido y toca los colores del fuego.