He muerto contigo tantas veces... que resucitar da miedo y me escribo entre fonemas que suenen oda y te pienso lento para seguir así, sin despertar.
Que el tiempo se ralentice, que se enrede el viento y se fijen las ventanas para que nada se vaya y las paredes escuchen para grabar, ciertos poemas que ahora escribo.
Quiere comerse el mundo con su mirada. En sus manos lleva todos los pormenores del tiempo, sin darse cuenta que al abrigo de la noche todos los gatos son pardos.
El carmín de su boca ilumina las sombras de su vestido y toca los colores del fuego.